
Ya podemos ver qué cosas se van a reemprender, como el Teatro Rio, que tras haber estado vergonzosamente paradas sin explicación alguna, ahora y por arte de magia,se va a terminar casualmente para antes de las Elecciones de próximo año. Puede que no esté en funcionamiento, pero seguro que estará listo para «cortar la cinta».
En estas últimas semanas se han adjudicado y sacado a licitación diversas obras, tales como el equipamiento de la antigua fábrica Rico, la ejecución del Polígono Industrial de la Depuradora, el proyecto de la Casa de los Reyes Magos, y otros más que han estado lo suficientemente parados hasta llegar el momento de activarlos y prever su inauguración para días cercanos a las elecciones.
Todo esto se va a convertir más bien en una «gincana» pues eso va a ser todo lo que se van a encontrar Maite Parra y el Sr. Agüera para poder llegar a tiempo a cortar las cintas en las inauguraciones y a buen seguro que sacaran algún dinerito del Plan de Austeridad que han redactado para guardarlo para bambas y chocolate, que tan buen resultado les da.
La buena gestión tiene que verse durante todo el mandato de un equipo de gobierno, y lo que hemos podido constatar en estos últimos años es un total descontrol y desbarajuste en todo lo que ha hecho el Partido Popular en Ibi, retrasos infundados, sobrecostes injustificados, falta de claridad, regularización de facturas que aparecen por los cajones, reclamaciones judiciales, contrataciones presuntamente irregulares, y todo eso unido a una guerra interna encarnizada que está consiguiendo convertir a esta última legislatura en la más desastrosa de la historia de nuestro pueblo.
Como he dicho antes, pronto vendrán las elecciones municipales y será entonces cuando los ciudadanos de este pueblo debemos de hacer valer nuestra fuerza y a buen seguro responder en consecuencia al Partido Popular en nuestro ayuntamiento que ha hecho del “todo vale” y “el fin justifica los medios” la manera de hacer política e intentar engañar a los pacientes ciudadanos de Ibi que de ningún modo se merecen unos gestores tan pésimos.
Arturo Domenech García.
