
Las críticas argumentadas y las movilizaciones pacíficas son tan legítimas como inevitables en un contexto de crisis y de medidas polémicas. El problema no está en la movilización, sino en la causa de la movilización. Y la respuesta no puede limitarse a reprimir la movilización. Junto al discurso del “todo va mal”, el Gobierno está obligado a hacer el discurso de las soluciones. Junto a la llamada al sacrificio, el Gobierno debe hacer la llamada a la esperanza.
Fuente: Blog de Rafael Simancas
