7 de mayo de 2014
Ayer los telediarios de las principales cadenas de televisión se hicieron eco de una noticia a priori sorprendente. Según el último CIS, el PP aventajaría al PSOE en intención de voto 5,7 puntos. Decimos sorprendentemente porque hace apenas una semana, Metroscopia publicaba los resultados de su últimos sondeo y el PSOE se imponía al Partido Popular en 3,3 puntos, ampliando así su ventaja y confirmando una tendencia que venía repitiéndose desde el Barómetro Europeo publicado en enero.
Los vuelcos repentinos en las tendencias suelen ser extraños. No se suelen dar de forma natural en la sociedad sin un acontecimiento traumático o impactante que lo justifique.
Si analizamos, ya no las conclusiones del CIS, sino los datos obtenidos, apreciamos que algo chirría. Aunque el índice Voto+Simpatía, que normalmente es el que se toma como referencia para estimar la intención de voto, da al PSOE un punto de ventaja sobre el PP. El CIS, tras aplicar a estos datos una corrección o ponderación «de cocina» (eufemismo que se usa para referirse al “al ojo de buen cubero”), el centro concluye una sorprendente estimación de voto de 5,7 puntos de ventaja del PP sobre el PSOE.
Metroscopia destacaba en los resultados de su último sondeo, que el aumento de la ventaja del Partido Socialista sobre el PP se debía a un doble efecto: por un lado, muchos ciudadanos que anteriormente manifestaban su intención de abstenerse en las elecciones, tomaban la decisión de dar su voto al Partido Socialista. Por otro lado, cada vez más votantes conservadores castigaban la gestión del PP expresando su intención de abstenerse o votar otra opción política.
Puede que la campaña emprendida en esta última semana por el PP para conseguir que cale en la población la idea de una hipotética recuperación haya calmado los ánimos de algunos de esos votantes conservadores que sostenían su intención de abstenerse. Solo les quedaba actuar sobre la segunda variable de la ecuación: interferir en el crecimiento de voto socialista.
Todo esto parece responder más bien una campaña mediática para dar un vuelco a la opinión pública y es posible que la estratagema esté dando el fruto deseado, ya que ante esta noticia, muchos simpatizantes socialistas, se dejaron atrapar por el desánimo a causa de esta artificial y adulterada noticia.
Alberto Hernández

