7 de julio de 2014
El Centro Democrático Liberal desaparece del mapa político al fusionarse con “Ciudadanos”. El partido que lideró Adolfo Suárez en sus inicios, buscando incansablemente el indefinido centro, ha dejado de existir como tal y se diluye dentro del partido que hoy en día lidera Albert Rivera.
Juan Valls se presentó a las elecciones municipales defendiendo las siglas del Centro Democrático y Liberal y no ha avalado la decisión de disolver el partido para integrarse en Ciutadans, la cual ha sido avalada por el 88 % de la militancia. Es un acuerdo marco que ahora deberá ratificar individualmente cada militante, cada agrupación local y cada grupo municipal para formalizar el pase a Ciutadans. El partido de Rivera asume la antigüedad de los militantes, ya que sus estatutos exigen seis meses de trayectoria para ocupar cargos de dirección como salvaguarda ante desconocidos. También se reconoce a las direcciones locales hasta después de las municipales. Aún así Juan Valls, al igual que su compañera Gemma Amor, la exconsellera, que ha consolidado la marca liberal en Benidorm y tiene perspectivas de expansión, no quiere arriesgarse de momento con el trasvase a una formación por construir en esta autonomía. La agrupación de Benidorm se da un tiempo para pensarse la integración. En Ibi la ejecutiva está dividida entre los que no han querido sumarse y los que decididamente se han colocado en los puestos de salida de cara a las próximas elecciones municipales, en los cuales no cabe la genialidad de Juan Valls.
Más allá de las consideraciones que podamos hacer de la reconversión del CDL, lo cierto es que Juan Valls ha ido cambiando de ejecutiva local durante estos años gloriosos de legislatura donde todo el apoyo ha ido dirigido al Partido Popular.
Inició la legislatura con Ana Sarabia y compañía, por la que se dice que logró sacar un concejal (el número 11 de 21), que le permitió ser la llave de un PP liderado por sinvergüenzas que han dimitido principalmente gracias a las denuncias en los juzgados de nuestro grupo. Maite Parra no supo medir las fuerzas y cayó de bruces ante un PP impasible que miró hacia otro lado para mantenerse en el gobierno. A cambio, este PP ha pagado (y pagará) todos los precios que Juan Valls estime oportuno fijar.
La primera Ejecutiva se fracturó con la expulsión de Ana Sarabia. La segunda ejecutiva del CDL se rompió a causa de las divergencias con respecto del resultado de la frustrada moción de censura que, a pesar de todos los pesares, intentaba poner algo de cordura ante tantos intereses, corruptelas y desgobiernos y que hubieran impedido que hoy en día paguemos millonadas en los juzgados a empresas que presuntamente operaban con total connivencia de los corruptos.
La tercera Ejecutiva se la hizo Juan Valls a medida, con todos aquellos que apoyaban incondicionalmente su gestión de la frustrada moción de censura y posterior pacto con el PP. Esta asociación PP-CDL dejó atrás muchos tufos del anterior gobierno del PP, asuntos oscuros que los actuales concejales del PP disfrazan con comisiones de investigación que no llevan a ningún juzgado, más bien es un viaje a ninguna parte.
La fusión con Ciudadanos ha dado lugar a la cuarta Ejecutiva. Ésta parece ser que no cuenta con Juan Valls como candidato para las próximas elecciones. De ahí la renuncia de Juan Valls a formar parte de esta formación política, dimitiendo de los cargos de un partido que ya no es el suyo, con una ejecutiva que ya no hace y dice lo que él quiere al dictado, para seguir en un partido prácticamente extinto, por lo que políticamente ha quedado en una especie de limbo.
De todos modos la dimisión de Juan Valls es «en diferido», como todo su criterio a lo largo y ancho de esta legislatura. En cuanto se rearme con una nueva ejecutiva a su medida, volverá al ataque. Después de todo, como ocurría con el Rey Francés Luis XIV de Francia, que decía que «Él era el Estado», Juan Valls es el patido, tenga las siglas que tenga. Juan es el hombre que se representa a sí mismo. Como esto ya lo hemos vivido antes, seguramente nos dirá que estar nuevamente en un partido como líder, es algo que él no ha propuesto. Dirá sin ruborizarse lo más mínimo, siguiendo sus afirmaciones en toda su trayectoria, que se lo ha pedido medio pueblo…“yo no quería pero me han llamado hasta de Bruselas para que lidere… lo que sea”.
Hoy tenemos pleno oridinario y en el apartado de ruegos y preguntas rogaremos que nos aclaren a qué grupo representa ahora Juan Valls y si debe o no pasar al grupo de los «no adscritos a nigún grupo político», lo que se conoce como «grupo mixto».
Susana Hidalgo

