Por Susana Hidalgo Vidal
Ante la propuesta del gobierno de modificar la ley del aborto ya han salido a manifestarse miles de ciudadanos a la calle. Yo me pregunto ¿estos mismos ciudadanos se manifestaron por la guerra de Irak?, ¿se manifiestan cuando se conocen los datos de la hambruna que asola el planeta?, ¿se manifiestan por temas relacionados con el medio ambiente?, ¿salen a la calle a defender a los presos políticos de otros países?, ¿se manifiestan ante el vaticano por el mensaje del Papa en un continente arrasado y devastado por el SIDA, pidiendo que no utilicen preservativos?
Creo que es lógico que cada cuál tenga más iniciativa a la hora de manifestarse, dependiendo de lo sensibilizado que esté con el tema a defender, y reivindicar en la calle exigiendo las reformas, derechos, renuncias, etc., ante los que nos gobiernan.
Pero lo que no me entra en la cabeza es que salgan a la calle a manifestarse por una ley que otorga un derecho totalmente personal, el de la planificación familiar y el derecho a abortar en los supuestos que marca la Ley, supuestos que hay que modificar para que no se den situaciones absurdas, como es el caso de malformaciones y enfermedades mortales para el feto en el momento de nacer, que no se diagnostican hasta pasadas las 21 semanas de embarazo.
La nueva normativa se redactará teniendo en cuenta la objeción de conciencia de los facultativos, que será regulada a través de una nueva normativa que elaborará Sanidad. La ley también garantizará la equidad territorial y se intentará conseguir el consenso, lo que está claro que el PP votará en contra, como voto en contra de la ley del divorcio, de la ley del matrimonio homosexual, de la sanidad pública, de la universalidad de la educación, etc., etc.
Esa manía de dirigir la vida social, sexual y la pertenencia a una determinada clase social de la humanidad, no sólo la tiene el Partido Popular, también colectivos religiosos, poderosos y la propia Iglesia Católica, que es la que más años de experiencia tiene en meterse en todo aquello que controla la libertad individual y colectiva de la gente, intentando dirigir cuándo, cómo y con quién has de compartir tu vida.
La interrupción voluntaria del embarazo está despenalizada en la mayoría de los países de la Unión Europea. Muchos tienen una ley de plazos. Es el caso de Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Portugal, Grecia, Bulgaria, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania, Hungría o la Republica Checa, que admiten esta práctica libremente -sin supuestos legales- hasta las 12 semanas de gestación. En Italia se permite hasta los 90 días, y en Rumania hasta las 14 semanas. En Holanda, el plazo es más amplio. Su ley permite a las mujeres abortar sin acogerse a ningún supuesto hasta la semana 24.En la mayoría de los países que se rigen por plazos la ley permite abortos en tiempos posteriores bajo causas muy específicas, como riesgo para la mujer o para el feto. En Grecia se admite el supuesto de violación hasta la semana 19 y el de malformación del feto hasta la 24. Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia o Austria no ponen límites para las malformaciones. Algunos países como Alemania, Bélgica o Francia exigen a las mujeres que se sometan un periodo de reflexión y a consultas de asesoría. El país con la legislación más parecida a España es Reino Unido. Allí existe una ley de indicaciones. Es posible abortar hasta la semana 24 por riesgo para la salud de la madre o por problemas económicos o sociales. No existe límite para malformaciones del feto o grave riesgo para la madre. A pesar de que Holanda es el país con la legislación menos restrictiva es uno de los que menos número de abortos registros.
La educación sexual en la infancia y la adolescencia, es una materia que aparece como asignatura curricular del sistema educativo, y que al que quizás deberíamos prestarle mucha más atención, también se deben aplicar medidas específicas para el colectivo de inmigrantes y potenciar la creación de centros de planificación familiar que alcancen a todos los estratos de población, también los padres tenemos la obligación de abordar estos temas con nuestros hijos adolescentes desde el más absoluto respeto, claridad y lógicamente atendiendo a nuestra moral y siendo consecuentes con ello.
Ninguna de estas personas que han salido a manifestarse tienen el derecho a intervenir en la decisión de abortar de nuestros hijas, hermanas, madres o todas aquellas mujeres que no conocemos, les ampara una Ley y esa Ley necesita reformas totalmente razonables, y lo que está claro es que sólo un gobierno progresista podrá abordar estos temas, estudiarlos con objetividad y elaborar propuestas avalas por la comunidad científica para su aprobación, con manifestaciones (por determinados colectivos de la población) en contra o sin ellas. Todo el mundo tiene derecho manifestarse, esto también es un logro de la izquierda, pero esto no quiere decir que tengan la razón.
