Entre todos tenemos que buscar esas alternativas que tienen que ser creativas y satisfactorias y que, por otra parte, desvíen la atención de lo que parece ser ahora el foco central, el consumo de sustancias excitantes y deshinibidoras. No podemos cerrar los ojos a la realidad pero tampoco nos tenemos que estancar en lo más fácil. El ocio que representa el botellón no puede ser la única alternativa, los jóvenes deben tener más opciones para que puedan elegir.
Reivindico el debate de todos los agentes implicados para solucionar este problema complejo que requiere el concurso de todos.
