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La cosa nostra

El artículo publicado en Escaparate por el exconcejal del PP Antonio Granero no tiene desperdicio.

Retrata a Miguel Ángel Agüera como el dueño del cortijo. Entre otros calificativos que recuerdan más a Al Capone que a un político local entregado al bien común como único fin. Por desconocimiento podríamos pensar que habla de un gangster en toda regla, que manipula, miente, y aniquila voluntades sin apenas despeinarse, sin mostrar ningún síntoma de empatía o arrepentimiento.

Más demoledor si cabe es el tratamiento que recibe nuestra alcaldesa Maite Parra en este artículo de opinión que firma un concejal que compartió con los susodichos, mesa y mantel, gobierno y desgobierno. De la insistencia asfixiante de esta mujer hemos recibido parte propios y extraños, contra su intransigencia y su inquebrantable voluntad de humillar nos hemos revelado hasta el punto que nos permite nuestra educación y nuestra moral.

Ya no hay dinero para el “pan y circo“, la gran mentira de una comunidad rica se desmorona. No hay siquiera dinero para pagar medicinas, calefacción, servicios públicos básicos, y no sabemos cómo se va a pagar la deuda millonaria contraída. Pero hay mucho trabajo por hacer, hay contratas millonarias que adjudicar, empresas que nos deben muchas explicaciones y penalidades por retrasos, empresas que no cumplen las mejoras prometidas y muchos balances que cuadrar.

Los oscuros personajes descritos por Antonio Granero siguen siendo los mismos que gobiernan en esta legislatura, pero en otro escenario diferente. Casi todos los personajes secundarios son noveles en la tarea encomendada y algunas ya han renunciado al sufrimiento innecesario. La versión oficial de la portavoz popular Sara Díaz han sido motivos personales por su trabajo y la de Rosa Ibáñez los problemas de salud, dos personas que merecen todo mi respeto… cada cuál que saque sus propias conclusiones.

La buena voluntad de los nuevos es manifiesta, pero las voluntades se pueden comprar, la ilusión se abandona en condiciones adversas y las batallas heroicas pocas veces se emprenden, y la suma de todos estos supuestos pueden llevar a la resignación más absoluta y al consentimiento compartido y años después a la frustración personal.

No les deseo en absoluto nada de esto a los concejales del Partido Popular, pero deberían tomar buena nota porque el que calla otorga o revienta, o las dos cosas: primero calla y luego revienta.

En un estado democrático las urnas mandan y los veredictos judiciales también. Los grupos de la oposición poco pueden hacer si no suman mayoría en la toma de decisiones. ¿Sumamos mayoría?

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