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La fuerza de la palabra

15 de noviembre de 2013

La libertad de expresión es un derecho ciudadano del que deriva la libertad de prensa. Una democracia viva se alimenta y crece con normalidad si existe la libertad de expresión tanto a título individual como colectiva. Los medios de comunicación objetivos y libres, tanto públicos como privados, son la mejor herramienta que permite el pensamiento crítico y en definitiva la libertad de ideas y opiniones, por diferentes y que sean unas de las otras. La fuerza de la palabra es la más combativa y pacífica.

Los únicos límites aceptables a la libertad de expresión son aquellos que entran en conflicto con otros valores o derechos fundamentales del ser humano.

Hay muchas ocasiones en las que no coincidimos con la editorial de muchos medios privados o públicos y mucho menos con la interpretación periodística que se hacen de nuestras declaraciones, pero tenemos la obligación de respetar aquello en lo que creemos, en la libertad de expresión. Otra cosa es la manipulación y la compra de medios de comunicación para conseguir rédito político engañando y falseando las noticias. Es necesario que todos critiquemos duramente la manipulación de los medios de comunicación por parte de políticos con muy poca integridad, que compran voluntades y dejan al medio y a las personas despojadas de credibilidad.

Juan Valls portavoz del CDL de Ibi, expuso solo tres condiciones para seguir con las negociaciones en cuanto a la moción de censura planteada por los grupos de la oposición. Una de ellas, la que rechazamos de inmediato, fue la de vetar al periódico local Escaparate, al exigir a todos los grupos políticos que adoptáramos la decisión de no permitir que se publicitara ningún evento institucional en Escaparate, limitando así su capacidad económica para seguir trabajando, vetando su capacidad de informar y por tanto, vetando su libertad de expresión.

Nadie es libre si no le dejan trabajar, los medios de comunicación locales con menos capacidad mediática viven de la venta de sus ejemplares, que cada día se ve más mermada por la era digital, de los anuncios de las empresas privadas que publicitan sus productos o servicios y también de la publicidad institucional de los ayuntamientos que publicitan eventos de interés para toda la ciudadanía en general ya sea propia o foránea .

La pretensión de Juan Valls es muy grave y así se lo hicimos saber, pero más grave aún si cabe es que el Partido Popular le haya apoyado durante meses esta imposición. A Maite Parra no le tembló el pulso lo más mínimo para llamar a otros alcaldes de la comarca para que no se publicitaran en un medio de comunicación tan “hostil” para ella y su socio de gobierno. Según Juan, todos los concejales se sumaron a su veto por solidarizarse con él, no por imposición.

El CDL provincial o nacional debería “matizar” las actuaciones de Juan Valls o «mandarlo a paseo», como lo mandamos nosotros cuando nos propuso como imposición para firmar la moción de censura que vetáramos aquello que siempre hemos defendido, la libertad de expresión, es decir, la libertad de las personas. Creo con sinceridad que el CDL debería preguntarse si a lo que Juan teme verdaderamente es a la fuerza de la palabra, la pluma es más poderosa que la espada. Alguien, no imagino quién, con mucha paciencia, debería explicarle a Juan Valls, que la libertad en todos sus sentidos no es una opción, es un derecho fundamental.

Susana Hidalgo

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