Por Gonzalo Milla Tebar

Hemos llegado al extremo que ya no nos podemos fiar ni de la justicia, ni de nuestros políticos. Es una vergüenza que la corrupción haya llegado nada menos que hasta el Presidente del Consejo General del Poder Judicial. Hoy en día podemos encontrarnos a gente buscando comida en los contenedores de basura, personas que tienen que acudir diariamente a los comedores públicos, pensionistas que tienen que vivir con su paga de forma tercermundista, jóvenes sin trabajo, familias que viven en la calle porque esta justicia les ha desalojado por no poder pagar la hipoteca que le deben al banco,… Mientras pasan todas estas calamidades ¿Cómo es posible que algunos españoles como el Sr. Dívar se vayan de viaje a buenos hoteles y comiendo a lo grande con dinero público? ¡Y quieren hacernos creer que todos somos iguales!

No hace falta irse tan lejos. Si no se quiere hablar del Sr. Dívar, puedes cogerte al Sr. Agüera y a la Sra. Parra. El caso es el mismo: viajes por toda España, comidas carísimas, justificantes de pago de viajes que no aparecen,… Y todo a cargo de nuestros impuestos. Por eso, cada vez que nos suben los impuestos para que nuestros mandatarios disfruten, les den “carrera” a sus hijos, compren buenos coches, apartamentos y lo que les dé la gana, se ganan menos nuestros votos y nuestra confianza. Algunos políticos se aprovechan de sus cargos para lucrarse porque la Justicia no hace justicia. Estos corruptos deberían ir a la cárcel y además devolver el dinero que han robado. Algunos entran en las administraciones, en los bancos, en los ayuntamientos,… con una mano delante y otra detrás, y salen millonarios. Mientras tanto, personas que se han pasado la vida trabajando duro y que no han robado a nadie están en la más absoluta miseria. Aquí hay algo que no cuadra.

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